Tribuna firmada por Maura Teixeira, Marketing & Innovation Director Iberia de Nhood.

Es importante empezar con una verdad incómoda: ¿qué papel juega el centro comercial en la vida de las personas cuando no vienen a comprar?
Durante años, el sector intentó responder a esta pregunta añadiendo más eventos, más ocio, más restauración o más actividades. Y aunque todo ello puede aportar valor, la respuesta no está en la cantidad de experiencias que somos capaces de incorporar a un activo.
El verdadero reto es otro: seguir siendo relevantes en un entorno donde la competencia ya no es únicamente otro centro comercial. Hoy competimos con Netflix, TikTok, un parque, una terraza, el teletrabajo, un viaje de fin de semana o simplemente quedarse en casa.
El retail sigue siendo necesario y el espacio físico mantiene una capacidad única para conectar personas, marcas y territorios. Sin embargo, para seguir siendo relevante, debe ofrecer algo más que una oferta comercial. Debe formar parte de la vida cotidiana de las personas.
Y esto empieza con algo muy sencillo: escuchar. Escuchar de verdad lo que necesita una comunidad, entender cómo vive, cómo se mueve, qué le falta y qué valor puede aportar un activo a su entorno. Porque cuando un proyecto nace de esa comprensión, deja de ser una operación inmobiliaria para convertirse en un espacio con un propósito claro.
En Nhood trabajamos desde esa convicción. No diseñamos proyectos pensando únicamente en los metros cuadrados o en la mezcla comercial. Lo hacemos preguntándonos qué impacto pueden generar en el entorno, en la economía local y en la vida de quienes los utilizarán cada día.
Por esa razón, eliminamos de la ecuación que el debate sea retail versus ocio ni tampoco el retail versus e-commerce. Lo que buscamos es permanencia, y solo somos capaces de hacer esto cuando los espacios sean tan relevantes y las personas se sientan tan a gusto en ellos, que su intención de estar ahí no está conectada a la compra.
Este cambio explica por qué vemos cada vez más proyectos incorporando deporte, salud, cultura, restauración, turismo, espacio público, vivienda, trabajo flexible o fórmulas mixed-use. No se trata de acumular usos. Se trata de responder a una realidad evidente: las personas no organizan su vida en compartimentos separados, y los espacios tampoco deberían hacerlo.

Algunos activos ya están demostrando el potencial de esta visión. Casos como Vialia Vigo, Zenia Boulevard, Forum Montijo, Alegro Sintra o Alegro Setúbal muestran cómo la conexión con el territorio y con las comunidades locales puede generar motivos de visita más diversos, más frecuentes y menos dependientes de los ciclos del consumo.
El comercio sigue siendo fundamental y el corazón económico, pero ya no puede sostener por sí solo la propuesta de valor de un destino. De ahí surge el
placemaking, en conseguir que la gente sienta que ese espacio también le pertenece.
Porque, al final, el éxito de un lugar no se mide únicamente por lo que vende, sino por el papel que consigue ocupar en la vida de las personas.












