Cada vez más, se está posicionando como una opción de conveniencia para dejar de cocinar, ganando terreno al placer como razón global para pedir comida a domicilio.
Los consumidores se muestran divididos entre mantener sus niveles de consumo (46 %) y reducirlos (51 %) siendo la primera vez desde 2012 en la que los consumidores más favorables a reducir superan a los que prefieren mantener el consumo.